Siempre me ha parecido que hay palabras tan grandes, tan complejas, tan sensibles por lo que representan, una de ellas es justicia, tan parecida a ajusticiar.
En estos días es noticia la muerte de tres ladrones a manos de un médico, el hecho ha causado todos los cuestionamientos tan profundos, como tan llenos de frialdad representados en memes y chistes de mal gusto que me hacen pensar en el horror de que todo el mundo se tome el poder de la justicia y ajusticiar se vuelva una necesidad colectiva.
Hace unos años me mudé a un barrio cerca al centro de la ciudad, empezaba a hacer pinitos en eso que llaman independencia, estudié de noche y caminar luego del trabajo o de la universidad era una cotidianidad, sin embargo un día ya no me sentí tranquila al recorrer las calles, sentía que toda la humanidad se había convertido en zombi, al mejor estilo de «The walking dead», pues en menos de año y medio me habían robado y atracado tres veces.
En mi paranoia un día una noticia me hizo sacar mi instinto humano de supervivencia, una señora había bajado del bus a un menor de edad que estaba robando a los pasajeros, lo desnudó y le dio una paliza para hacer «justicia», en medio del boom noticioso se me escapó un ¡bien hecho!
Luego de decir esto y ahondar en lo sucedido, recibí una bofetada de mi consciencia, recordé las veces que hablo de paz, perdón, convivencia, respeto, confianza, asertividad… me sentí terriblemente abatida, ¿qué he sentido?, ¿qué he dicho?, ¡es un menor de edad!, equivocado, pero acaso para eso no existe otro tipo de justicia, esa que hemos mediado como ciudadanos para actuar preservando la dignidad del otro, así esté equivocado.
A diario los noticieros nos indican todos los atracos y desmanes de la delincuencia común, horas y horas viendo escenarios comunes que llenan de pánico a la ciudadanía y que nos ponen en una posibilidad de defensa propia, pero no estoy segura de haber visto por tele un análisis del por qué la inseguridad. Sin ánimo de justificarla, pero sí de hallar soluciones.
Considero que entre muchos factores por la que pasan estos hechos es por la falta de confianza en el otro y en nuestro sistema de justicia y de seguridad; es que en una ciudad en la que se mata por la diferencia o por no poder conciliar y la vida vale un celular, en un país que tiene casas de pique y se crean grupos para vender seguridad a las grandes familias y empresas, qué se puede esperar.
Hay una falta del sentido común, de pensar en el otro, tanto por quien atraca y como por quien toma la justicia en sus manos, hay una necesidad de supervivencia, un eminente miedo a ser agredido y hay una valentía sin escrúpulos que da el valor de disparar un arma o enterrarla.
La falta de oportunidades es tal vez la causa mayor de la delincuencia, que como dice Eduardo Galeano ese sería parte de la solución: combatir a la pobreza no a los pobres, claro este tipo de delincuencia, porque bien se sabe qué hay otro tipo que se ejerce a la luz del día y los ladrones son llamados doctores y han tenido la fortuna de tener excelentes «negocios» con nuestros dineros, dineros que facilitaría mejores oportunidades de educación, empleo, salud, seguridad…
Tenemos una larga tarea: Construir un sistema de seguridad efectivo, rápido, eficiente, policías haciendo su trabajo, personas que no crean que la delincuencia es una buena posibilidad y personas que sean responsables de sus acciones y puedan comprender el riesgo de que todos puedan repartir justicia y hacer justicia por su cuenta. Generar un tipo de sociedad que pueda caminar con tranquilidad sin miedo a ser atracado, una sociedad que confíe en la «autoridad» y ciudadanos que no transen la vida de una persona por un celular o cualquier otra cosa de valor.
Desde luego este es un caso en el que solo tengo una opinión, -pues no tengo la potestad de decir qué es lo Justo en este hecho particular- Mi deseo como ciudadana es que en el afán de seguridad no nos convirtamos en una sociedad armada de miedo y de ganas de matar.

