¿Para qué? Esta pregunta siempre es mi mantra cuando necesito hallar la razón, recuperar la esperanza y encontrar el sentido a lo pienso y digo, para poder dar claridad, encontrar la manera de desembarrarla cuando me he equivocado, «tirar mi cable a tierra» para poder justificar y darle valor a la educación y sobre todo el valor a enseñar «habilidades» blandas», comunicación, materias del «relleno» de nuestra humanidad.
Por estos días, una profesora dejó una tarea acerca de los mal llamados «falsos positivos», que fue cuestionada por una senadora. En plena pandemia han sido los estudiantes, las madres de los «falsos positivos», los líderes sociales, los campesinos, camioneros, trabajadores de Colombia, actores, periodistas, desempleados, «los nadie»… quienes han marchado y se han pronunciado frente al cansancio que causa la inequidad, frente a la indignación que causa el abuso y la desesperanza.
También en plena clase de «derecho» una estudiante fue censurada por manifestar en su perfil ese descontento, porque a nuestro país lo están masacrando y decirlo causa incomodidad y miedo y quien tiene un mínimo de poder lo utiliza a su antojo. Entonces en esto momento invoco mi mantra-¿para qué? ¿Qué hacemos mal para que estemos mal? ¿Y para qué sirve sentarnos todos los días a construir sueños de nuestros estudiantes si tal vez este país no nos brinde las oportunidades para realizarlos?
La situación de estos días en Colombia ha estado difícil, según los medios de comunicación nacional: «El país afronta una situación confusa», los «desmanes, la violencia y el vandalismo azotan al país», sin embargo la prensa internacional denuncia la violación de derechos humanos de los manifestantes que han salido a la calle a protestar, en plena pandemia», porque en Colombia la economía, la salud, la educación, la vivienda y la supervivencia está muy mal, tan mal que ni el temor al COVID ha impedido este descontento general, «el pueblo colombiano ya no aguanta más».
Entonces para qué la educación de los aspectos humanos sí en la vida real lo único que cuenta es lo técnico, será que los periodistas que sonríen, hacen entrevistas, nunca entraron a la clase de ética que decía que el periodismo sirve a la democracia y la construcción común, pero asistieron a las clases de manejo de la cámara, de micrófono, aprendieron hablar en público y modular la voz para decir cualquier cosa que les dicten y no tengan el filtro de lo que les dicte su consciencia.
¿Será que a los miembros de la fuerza pública que disparan contra civiles, desconocen la historia de sus propias familias, -que de seguro han sido trabajadores imparables- será que no reconocen en el otro la humanidad latente que recorre la sangre, será que aprendieron tanto la técnica de disparar que se les olvidó que las balas matan y nos han matado.
El país lleva varios años en la búsqueda de la paz, que sólo es posible dialogando y perdonando -y aunque no me gusten las formas de los verbos en andos y endos, alude a su simultaneidad- la paz es un proceso histórico y lento, en el que por ejemplo, de manera personal yo le di una oportunidad a un ex presidente por gestionarla y porque por algunos meses el sueño de morir de muerte natural fuera posible y el hospital Militar tuviera cero nuevos internos.
Nuestra historia colombiana tiene muchos capítulos de violencia, por un lado, una mezcla social de distribución de tierras, creencias religiosas, polarización, productos económicos imperantes como el café, las esmeraldas, las bananas, el oro, el coltán, la caña de azúcar, la coca, la mariguana, petróleo, aceite de palma africana, etc., algunos utilizados como hilo conductor de las narrativas criollas, también, todos estos productos, en muchos casos, han sido el eje central de violencia sistematizada, desplazamiento, negocios con mercados transnacionales que apoyados en discursos de odio han puesto como carne de cañón a los colombianos trabajadores.
Nuestras hermosas cordilleras hacen que seamos un país rico en biodiversidad, tan imponentes, tan majestuosas, ahora tan deterioradas y aún así se mantienen salvajes, silvestres, impenetrables, una barrera física que tal vez a hecho que nuestros pueblos no puedan pensar en colectivo, que no podamos reconocer nuestras historias y se mantenga un espíritu de competencia y no de cooperación.
Por otro, una cultura de miedo, de violencia intrafamiliar, de frustraciones, de venganzas, engaños y de pasiones, que hacen que sintamos que «sin dolor no te haces feliz», entonces si a mi tocó duro para merecer lo que tengo, pues el otro tiene que sufrir un poquito más para que sea digno, basta con echar mano de las historia de inmigrantes que viajaron con promesas de conocidos, pero cuando llegaron encontraron «la patadita de la buena suerte», porque patear al otro es un signo de motivación.
Si se revisa hacia el interior de las familias, son cientos de historias de abandonos, de traiciones, irrespeto, violencia económica, sexual, manipulación, caras largas y la imposibilidad de hablar, escuchar…
Hemos permitido como sociedad que haya casas de pique, que desaparezcan a jóvenes pobres y los disfracen de guerrilleros, hemos permitido que existan brechas de hasta 32 veces, entre quien más tiene y menos tiene, miles de personas en la calle, cientos de niñas y niños que no fueron, ni tuvieron una infancia feliz, miles de mujeres víctimas de violencia sexual y de quienes tomaron su cuerpo como botín de guerra, niños y jóvenes que tuvieron que tomar el camino de las armas, como alternativa para llevar comida a su casa.
Hemos salido adelante con esfuerzo, pero estaría bien que como humanos, pudiéramos crear condiciones para que la energía que concentramos en nuestro trabajo, representado en impuestos, recursos que administra el gobierno, tuviera mejor eficiencia para garantizar mejores oportunidades para todos.
Reconocer todo lo bueno y lo no tan bueno que tenemos, sanarnos y luego, hacer que nuestra sociedad sea mejor, porque cada institución la conforman personas y somos las personas que además de hacer algo técnico, compartimos nuestra humanidad con otros humanos, entonces cada vez que una institución (pública o no) no funciona es porque algo en el actuar de las personas no fluye como es: egos, incapacidad de escuchar, de generar la identidad, de construir valores, ambientes de respeto, de solución de conflicto y de NO TRAMPA, no corrupción y eso surge de las acciones y decisiones personales que hacen un sistema mayor.
A pesar de que hay muchas cosas por sanar, desde hace décadas vamos hacia una trasformación, siento yo, positiva, cada vez más decimos y gritamos lo que no está bien: violación, violencia de género, violencia de todo tipo y hoy millones de manifestantes en Colombia y el mundo lo hacen sentir, NO TODO VALE, decimos lo que nos es justo, queremos romper estructuras establecidas que han causado mucho daño.
Y sería lindo que pudiéramos hacer el ejercicio de permitirnos escuchar a quien piensa diferente, discutir sin dañar o anular, reconocer nuestra historia, cultivar la esperanza, el amor por nuestro espíritu, poder echar una mirada a la belleza que hay alrededor y que se convierte en arte, encontrar formas de catarsis para que no perdamos amigos, familias, cultivar la capacidad de pedir perdón, también de tener criterio para nunca dejarnos anular y construir relaciones más positivas, en todo ámbito
Llevo más de una década trabajando con jóvenes, con la educación, con la comunicación. He compartido los sueños de miles de jóvenes y sus familias que se esfuerzan para salir adelante, porque creemos en la educación, por eso aunque no sepamos hacerlos, leemos, nos informamos, interpretamos, aprendemos y desaprendemos, nos equivocamos, pero también somos capaces de aprender a abrazarnos, como pasó un día en una clase, cuando una estudiante no aguantó el llanto.
Tal vez lo único valioso que les enseñe no sea nada técnico, tal vez lo único importante que pase en mis clases es reconocer la humanidad de ese joven y guiar un camino de entusiasmo y amor por el conocimiento, inculcar la necesidad urgente de escucharnos, reconocernos, dialogar, discutir, ponernos en desacuerdo y encontrarnos en nuestras diferencias y aspectos comunes; solo puedo ofrecer, como se ofrece el pan de cada día, en versión integral, esta versión humana, tan equivocada, pero con amor y esperanza en la educación, para que este país donde no solo podamos ser exitosos, sino también mejores ciudadanos.
Gracias a quienes nos han mantenido con VIDA, gracias a quienes RESISTEN, gracias a quienes nos ayudan a SANARNOS y gracias a quienes nos INSPIRAN